10 problemas comunes en gallinas: soluciones rápidas y definitivas
Tener gallinas es todo un viaje: te dan huevos frescos, abono para el jardín, y hasta entretenimiento con sus personalidades únicas. Sin embargo, si alguna vez has tenido un gallinero, sabes que no todo es color de rosa. A veces parece que las gallinas buscan problemas donde no los hay, o simplemente surgen ciertos inconvenientes que pueden poner de cabeza a cualquier criador, sea principiante o veterano. Pero ¡no todo está perdido! Aquí te cuento los 10 problemas más comunes en gallinas y cómo solucionarlos de manera fácil y práctica.
1. ¡Horror! Mi Ponedora Favorita No Pone Huevos
El primer drama, y uno que nos toca la fibra sensible (y el estómago), es cuando tienes una ponedora que, de repente, deja de poner huevos. ¡Menudo chasco! Vas al ponedero con toda la ilusión del mundo y… nada. O quizás llevas días sin ver un huevo de esa gallina en particular. Antes de entrar en pánico y pensar que tu gallina se ha declarado en huelga de ovarios, hay varias cosas que pueden estar pasando. Lo primero es la edad. Las gallinas no ponen huevos toda la vida. Su pico de producción suele estar en los primeros dos años, y luego la cosa va bajando. Si tu gallina ya tiene sus añitos, es normal que ponga menos o incluso que pare.
Otra causa súper común es el estrés. ¿Ha habido cambios recientes en el gallinero? ¿Un perro nuevo rondando? ¿Depredadores cerca? ¿Quizás las has cambiado de sitio? Cualquier cosa que las saque de su rutina puede hacer que dejen de poner.
La alimentación también es clave. Necesitan una dieta equilibrada, rica en proteínas y calcio, para formar esos huevos. ¿Les estás dando un pienso específico para ponedoras? ¿Tienen acceso a grit o concha de ostra molida para el calcio? A veces, simplemente no tienen los «materiales» necesarios.
Luego está la famosa «clueca» o fiebre de incubar. Algunas gallinas deciden que quieren ser mamás y se quedan en el nido día y noche, sin poner huevos y erizando las plumas si te acercas. La solución suele ser sacarla del nido varias veces al día o ponerla en una jaula aparte sin material para anidar durante unos días.
La muda de plumas, de la que hablaremos luego, también detiene la puesta porque toda su energía se va a fabricar plumaje nuevo. Y, por supuesto, la falta de luz (necesitan unas 14-16 horas de luz al día para poner bien) o alguna enfermedad subyacente también pueden ser la causa. Así que, antes de nada, revisa estos puntos: edad, estrés, comida, ¿está clueca?, ¿está mudando?, ¿hay suficiente luz?, ¿se la ve sana en general? La solución suele estar en ajustar alguno de estos factores.
Antes de seguir me gustaría saber si tienes un método infalible para que tus gallinas vuelvan a poner como campeonas. Te agradeceria que lo compartas en los comentarios.
2. Picoteo entre ellas (canibalismo)
Otro problemilla que nos puede sacar de quicio y que puede ser bastante serio es el picoteo entre ellas, que en casos extremos deriva en canibalismo. Ver a una gallina picando a otra no es agradable. A veces es solo un tema de jerarquía, el famoso «orden de picoteo», donde establecen quién manda. Un picotazo ocasional para poner a otra en su sitio puede ser normal. Pero si el picoteo es constante, agresivo o se centra en una gallina en particular, hay que intervenir.
¿Qué lo provoca? Muy a menudo, el aburrimiento y el estrés por falta de espacio son los culpables. Imagínate vivir hacinado, sin nada que hacer… ¡normal que surjan roces! Asegúrate de que tengan suficiente espacio en el gallinero y en el corral. Enriquece su ambiente: ponles perchas a diferentes alturas, un tronco viejo, montones de hojas secas para escarbar, incluso puedes colgarles una lechuga o repollo para que se entretengan picoteándolo.
Una dieta desequilibrada, falta de proteína o sal, también puede incitar al picoteo. Revisa que su pienso sea completo. El calor excesivo también las pone nerviosas y puede aumentar la agresividad. Asegúrate de que tengan sombra y agua fresca en abundancia.
Introducir nuevas gallinas al grupo sin una adaptación progresiva casi siempre genera peleas. Hay que hacerlo poco a poco, manteniéndolas separadas pero a la vista durante unos días. Y muy importante: si una gallina tiene una herida, hay que separarla inmediatamente. El color rojo atrae el picoteo de las demás y puede acabar muy mal.
Cúrala en un lugar tranquilo hasta que esté recuperada. En casos muy persistentes, algunos criadores recurren a gafas antipicaje o a recortar ligeramente la punta del pico (esto último es delicado y controvertido, mejor probar antes todas las otras opciones).
3. Parásitos externos (piojos y ácaros)
Ahora hablemos de unos inquilinos indeseados que pueden traer de cabeza a nuestras gallinas (y a nosotros): los parásitos externos, como piojos y ácaros. Estos bichitos minúsculos pueden hacer la vida imposible a nuestras aves. Los piojos son más grandecitos, se ven a simple vista si miras bien entre las plumas, sobre todo alrededor de la cloaca y bajo las alas. Se alimentan de piel muerta y plumas.
Los ácaros son más puñeteros; el ácaro rojo, por ejemplo, es nocturno, se esconde en las grietas del gallinero durante el día y sale por la noche a chupar la sangre de las gallinas mientras duermen. ¡Una pesadilla! Otros ácaros viven permanentemente sobre la gallina, causando irritación, costras (como los ácaros de las patas escamosas) o debilitamiento general. ¿Cómo te das cuenta? Tus gallinas pueden estar inquietas, rascarse mucho, tener las plumas erizadas o feas, la cresta pálida por la anemia (en caso de ácaros chupadores de sangre) y, en infestaciones graves, pueden incluso dejar de poner huevos o debilitarse mucho.
La solución más fácil empieza por la higiene y la prevención. Un gallinero limpio es la primera línea de defensa. Limpia la cama regularmente y haz una limpieza profunda al menos un par de veces al año, rascando bien todas las superficies y grietas. Proporcionarles un buen baño de polvo es fundamental; ellas mismas se limpian y eliminan muchos parásitos así. Puedes «enriquecer» el baño con un poco de tierra de diatomeas (grado alimentario, ¡ojo!) o ceniza de madera limpia, que son abrasivas para los exoesqueletos de los insectos.
¡Mantener a raya a estos bichos es un trabajo constante, pero vale la pena por el bienestar de tus aves!
4. Parásitos internos (lombrices)
Y si hay parásitos por fuera, ¡también los puede haber por dentro! Hablemos de los parásitos internos, principalmente las lombrices. Hay varios tipos de gusanos que pueden afectar a las gallinas (redondos, tenias, capilares…), viviendo en distintas partes de su tracto digestivo. Se contagian al picotear heces infectadas o a través de huéspedes intermedios como lombrices de tierra o escarabajos. ¿Los síntomas? Pueden ser sutiles al principio. Quizás notes que una gallina pierde peso aunque come bien, tiene la cresta pálida, está apática, tiene diarrea (a veces con sangre o gusanos visibles, aunque no siempre) o pone menos huevos. Una infestación fuerte puede debilitar mucho a la gallina y hacerla más susceptible a otras enfermedades.
¿La solución fácil aquí? De nuevo, la higiene del gallinero es clave. Mantener la cama lo más seca posible ayuda a que los huevos de los parásitos no sobrevivan tanto tiempo. Si tus gallinas pastorean, la rotación de pastos, si es posible, ayuda a romper el ciclo vital de los gusanos.
Muchos criadores (me incluyo) confían en remedios naturales preventivos, como añadir ajo picado o vinagre de manzana al agua de bebida, o darles semillas de calabaza trituradas, que se cree que tienen propiedades antiparasitarias.
Si sospechas de una infestación seria (por ejemplo, ves gusanos en las heces o las gallinas están claramente enfermas), lo ideal sería llevar una muestra de heces al veterinario para que identifique el tipo de parásito y te recomiende un desparasitador específico para aves. Es importante usar la dosis correcta y respetar el tiempo de espera que indique el producto antes de volver a consumir los huevos. No conviene desparasitar «por si acaso» con productos químicos muy a menudo, ya que se pueden crear resistencias, pero una buena higiene y observación atenta son tus mejores aliados.
5. Plumas feas o caídas (muda excesiva)
Ahora, abordemos el tema de las plumas feas o la caída excesiva, que a veces nos preocupa. Ver a una gallina con calvas, plumas rotas o un aspecto general desastroso puede ser alarmante. Pero, ¡calma! La causa más común y totalmente natural es la muda anual. La mayoría de las gallinas adultas pasan por una muda una vez al año, generalmente a finales de verano u otoño. Durante este proceso, pierden las plumas viejas y gastadas y les crecen otras nuevas y relucientes para pasar el invierno bien abrigadas. Este proceso requiere muchísima energía y proteína, por eso suelen dejar de poner huevos. Pueden tener un aspecto terrible durante semanas, ¡parecen víctimas de una pelea de almohadas! Pero es normal y necesario.
La solución fácil para la muda es simple: paciencia y apoyo nutricional. Asegúrate de que tengan una dieta rica en proteínas durante este periodo. Puedes cambiar temporalmente a un pienso con mayor porcentaje de proteína (un pienso de crecimiento) o suplementar con snacks proteicos como gusanos, semillas de girasol, un poco de huevo revuelto…. Intenta no estresarlas durante la muda, ya que están más sensibles. ¡Pronto volverán a lucir su plumaje completo!
Sin embargo, si la pérdida de plumas ocurre fuera de la temporada de muda, o si ves zonas muy localizadas sin plumas (especialmente en el lomo o la cabeza), o si las plumas se ven rotas y comidas, entonces hay que buscar otras causas. ¿Podría ser picoteo entre ellas, como hablamos antes? Fíjate si son las gallinas dominantes las que tienen el plumaje perfecto y las sumisas las que están peladas.
¿Podrían ser parásitos externos? Los piojos y ácaros pueden causar irritación y hacer que la gallina se arranque las plumas. ¿Es un problema de nutrición? Una dieta muy pobre podría afectar la calidad del plumaje. ¿O quizás es el gallo el culpable? Si tienes un gallo muy «entusiasta», puede dejar a sus gallinas favoritas con la espalda pelada de tanto montarlas.
En estos casos, la solución no está en la muda, sino en identificar y corregir el problema subyacente: mejorar el espacio, atajar el picoteo, desparasitar, revisar la dieta o darle un descanso al gallo (o ponerle una «silla de montar» protectora a las gallinas). Observar el patrón de la caída de plumas y el comportamiento de las aves te dará la pista.
6. Huevos rotos o sin cáscara
Empiezas el día con ilusión, vas al gallinero esperando recoger esos tesoros ovalados y te encuentras con una escena de crimen: huevos aplastados, pegajosos, o peor aún, ¡huevos blandos como globos de agua a medio llenar! Vaya sorpresa.
Esto puede pasar por varias razones. A veces, son las gallinas más jóvenes, las primerizas, que todavía están ajustando su «maquinaria» interna y les sale algún huevo defectuoso al principio. Es normal, dales tiempo. Otras veces, la culpa es de la dieta. Si les falta calcio, la cáscara será débil o inexistente.
Asegúrate de que siempre tengan a su disposición una fuente de calcio extra, como conchilla de ostra molida, aparte de su pienso habitual. No lo mezcles con la comida, déjalo en un comedero aparte para que ellas piquen lo que necesiten.
El estrés también juega un papel importante; si algo las asusta o las pone nerviosas (ruidos fuertes, perros merodeando, un gallinero abarrotado), pueden poner huevos de forma prematura o con problemas. Intenta que su entorno sea lo más tranquilo posible.
Y por último, a veces simplemente se rompen porque las gallinas son un poco torpes en el nido o porque no hay suficiente material de cama (paja, viruta) para amortiguar. Asegúrate de que los ponederos sean cómodos, oscuros y tengan una buena capa de material blandito. ¡Ah! Y recoge los huevos con frecuencia, al menos una vez al día, para evitar «accidentes».
7. Enfermedades respiratorias
Escuchar a una gallina estornudar o toser es una señal de alarma. Si además ves mocos, ojos llorosos o hinchados, respiración dificultosa (con el pico abierto) o escuchas ruidos raros al respirar (como gorgoteos o silbidos), ¡ojo!, podrías tener un problema respiratorio en el gallinero.
Estos líos suelen venir por corrientes de aire frío, mala ventilación (¡ese olor a amoniaco es fatal!), exceso de humedad o un gallinero sucio. También pueden ser contagiosas, traídas por pájaros salvajes o por gallinas nuevas que no han pasado una cuarentena adecuada. La prevención aquí es clave.
Asegúrate de que el gallinero esté bien ventilado, pero sin corrientes de aire directas sobre las perchas donde duermen. Mantén la cama limpia y seca para evitar la acumulación de amoniaco. Evita el hacinamiento, cada gallina necesita su espacio. Si traes aves nuevas, mantenlas separadas del resto del grupo durante al menos 3 o 4 semanas para ver si desarrollan alguna enfermedad.
Si ya tienes gallinas afectadas, aísla a las enfermas inmediatamente para que no contagien a las demás. Puedes intentar ayudarlas con un ambiente cálido y limpio, y asegurándote de que coman y beban. A veces, si es algo bacteriano, pueden necesitar antibióticos, pero para eso lo mejor es consultar a un veterinario avícola o a alguien con mucha experiencia, porque no todas las «tos» son iguales y automedicar puede ser peor.
8. Huevos comidos por ellas mismas
Este es uno de los hábitos más frustrantes y difíciles de quitar. Vas a recoger los huevos y solo encuentras restos de cáscara y yema esparcida. ¡Se los están comiendo ellas mismas! ¿Por qué harían algo así? A veces empieza por accidente: un huevo se rompe y descubren que el interior está rico. Otras veces puede ser por aburrimiento, falta de espacio, estrés, o incluso una deficiencia nutricional (les puede faltar proteína o calcio).
Una vez que una gallina le coge el gusto, es muy fácil que otras la imiten. ¿Qué hacer? Lo primero y más importante: recoge los huevos lo antes posible, varias veces al día si es necesario. Cuanto menos tiempo pasen los huevos en el nido, menos oportunidades tendrán de ser atacados.
Asegúrate de que los nidos sean cómodos, oscuros y privados; a veces, si se sienten muy expuestas, se ponen nerviosas y pueden romper el huevo. Comprueba que su dieta sea equilibrada y que tengan suficiente calcio. Puedes intentar poner «huevos trampa» en los nidos, como pelotas de golf o huevos de cerámica. Intentarán picarlos, verán que no se rompen y quizás pierdan el interés.
Otra táctica es llenar una cáscara de huevo vacía con mostaza y volver a ponerla en el nido; el sabor desagradable puede disuadirlas. Si identificas a la culpable (a veces es solo una o dos), podrías intentar aislarla temporalmente. Es un vicio difícil de erradicar, así que la prevención y la rapidez en la recogida son tus mejores armas.
9. Diarrea o heces anormales
Vale, hablar de cacas no es lo más glamuroso, pero el estado de las heces de tus gallinas te dice mucho sobre su salud. Lo normal es una caca firme, de color marrón o verdoso, con una especie de «gorrito» blanco (eso es el urato). También es normal que de vez en cuando hagan unas heces más pastosas y de color marrón oscuro o mostaza, son las llamadas «cecales», que expulsan del ciego intestinal.
Pero si empiezas a ver diarrea acuosa, heces muy amarillas, verdes brillantes, blancas y espumosas, o con sangre, algo no va bien. Las causas pueden ser muchas: un cambio brusco en la dieta, comida en mal estado o agua sucia, estrés (por calor, por ejemplo), parásitos internos como coccidios (muy comunes en pollitos, provocan heces sanguinolentas) o gusanos, o alguna infección bacteriana.
Lo primero es revisar la comida y el agua, asegurarte de que todo esté fresco y limpio. Si sospechas de parásitos, especialmente coccidiosis, necesitarás un tratamiento específico (un veterinario o una tienda agrícola te pueden ayudar con esto). Puedes añadir un poco de probiótico al agua (como los que venden para aves, o incluso un poco de yogur natural sin azúcar de vez en cuando) para ayudar a su flora intestinal. Mantén el gallinero limpio para evitar que se reinfecten. Si solo una gallina tiene diarrea, obsérvala de cerca y considera aislarla por si es algo contagioso. La clave es fijarse bien y actuar si ves algo raro de forma continuada.
10. Gallinas cluecas no deseadas
Y llegamos al décimo y último punto de nuestra lista: las gallinas cluecas no deseadas. La cloquez es ese instinto maternal irrefrenable que le entra a algunas gallinas. De repente, una de ellas decide que quiere ser mamá, se instala en el nidal día y noche, se pone hecha una fiera si intentas acercarte (bufa, picotea), aplana el cuerpo, eriza las plumas y deja de poner huevos.
Quiere incubar, ¡aunque no haya huevos fértiles o ni siquiera huevos! Esto es un comportamiento natural, hormonal, pero puede ser un inconveniente si no quieres sacar pollitos: pierdes la producción de huevos de esa gallina, ocupa un nido y a veces apenas sale a comer o beber.
Si no quieres que saque pollitos, hay que «romper» la cloquez. La solución más común y «fácil», aunque requiere constancia, es impedirle que se siente cómodamente en un nido oscuro y calentito. Sácala del nidal cada vez que la veas allí metida, varias veces al día. Por la noche, puedes incluso sacarla y ponerla en la percha con las demás (aunque probablemente por la mañana vuelva al nido).
Un método muy efectivo es el llamado «corralito rompecluecas»: una jaula o caja con el suelo de rejilla o alambre, elevada del suelo, donde la metes durante unos días con acceso a comida y agua. La clave es que el aire circule por debajo de su barriga, enfriándola y ayudando a romper el ciclo hormonal. No es un castigo, sino una forma de cambiar su «chip» maternal. Suele funcionar en 3-5 días, aunque algunas son más tercas. ¡Paciencia y constancia!
Y con esto, ¡hemos llegado al final de nuestra lista! Como ves, muchos de los problemillas que surgen con las gallinas tienen solución si estamos atentos y actuamos a tiempo. Observar a tus aves a diario es la mejor herramienta: cómo comen, cómo beben, cómo se mueven, cómo son sus cacas… todo te da pistas. Tener gallinas es una gozada, te dan huevos frescos, compañía (a su manera) y un montón de momentos divertidos. Solo necesitan un poco de cuidado y atención por nuestra parte para estar sanas y felices. ¡Así que ánimo, y a disfrutar de esas emplumadas!
