No dejes a tus gallinas hacer esto

12 Errores que Nunca Debes Cometer con tus Gallinas Ponedoras

¡Hola, hola, entusiastas del gallinero y guardianes del corral! Bienvenidos de nuevo a su canal, donde aprendemos a cuidar de nuestras emplumadas amigas de la mejor manera posible. Hoy vamos a hablar de un tema crucial: establecer límites. Porque, aunque amamos a nuestras gallinas con todo nuestro corazón, dejarlas hacer lo que les dé la gana puede traer problemas… ¡y muchos!

A veces, por ser dueños primerizos o simplemente por consentirlas demasiado, permitimos hábitos que son malos para ellas, para nosotros y para la paz del vecindario. Así que hoy les traigo la lista definitiva: ¡Las 12 cosas que NO deberías dejar que tus gallinas hagan! Preparen sus libretas, porque esto les va a ahorrar muchos dolores de cabeza. ¡Comenzamos!

1. Comer Comida Echada a Perder o Moho

Parece obvio, ¿verdad? Pero es un error más común de lo que creen. A veces, con la buena intención de no desperdiciar comida, les damos a las gallinas las sobras de la nevera que ya no están para consumo humano. Un trozo de pan con un poquito de moho, unas verduras que ya huelen raro… «Total, son gallinas, comen de todo», pensamos. ¡Grave error!

El moho, especialmente las aflatoxinas que crecen en granos como el maíz o en el pan, es extremadamente tóxico para las gallinas. Puede causar daños graves en su hígado, suprimir su sistema inmunológico y, en casos severos, llevar a la muerte. No verás el efecto de inmediato, pero es un veneno que actúa lentamente, debilitando a tu parvada sin que te des cuenta.

Además, la comida en descomposición puede albergar todo tipo de bacterias dañinas como la Salmonella o el E. coli. Alimentar a tus gallinas con basura es, literalmente, invitarlas a enfermarse. Esto no solo afecta su salud y bienestar, sino que también puede reducir drásticamente la producción de huevos y hacerlas más vulnerables a otras enfermedades.

La regla de oro es simple: si tú no te lo comerías, no se lo des a tus gallinas. Trátalas con el mismo respeto que te darías a ti mismo. Asegúrate de que sus sobras sean frescas y saludables, y que su alimento principal esté siempre seco y libre de moho. ¡Un estómago sano es la base de una gallina feliz!

2. Anidar en Lugares Secretos (Fuera del Gallinero)

Es un comportamiento natural: una gallina busca un lugar tranquilo, oscuro y seguro para poner sus huevos. Y a veces, su instinto le dice que el nidal que tú le has puesto no es lo suficientemente «chic». Así que empieza a buscar alternativas: debajo de un arbusto, en un rincón del garaje, detrás de una pila de leña… ¡Una aventura de búsqueda de huevos diaria!

Aunque puede parecer un juego divertido al principio, es un hábito que debes cortar de raíz. Primero, por la seguridad de los huevos. Afuera están expuestos a depredadores como serpientes, ratas o comadrejas, que estarán encantados de encontrar ese buffet gratuito. También están a merced del clima: pueden congelarse en invierno o sobrecalentarse y empezar a desarrollarse en verano.

Segundo, por higiene y salud. Los huevos puestos en el suelo sucio o en un nido improvisado tienen muchas más probabilidades de estar contaminados con bacterias. Si planeas consumir esos huevos, el riesgo de contraer enfermedades aumenta. Además, si una gallina se pone clueca en un lugar así, estará mucho más expuesta a parásitos y peligros.

Para evitar esto, haz que tus nidales sean irresistibles. Mantenlos limpios, con paja fresca y suave. Asegúrate de que estén en una zona oscura y tranquila del gallinero. Si pillas a una gallina empezando a anidar fuera, recoge el huevo inmediatamente y, si es necesario, bloquéale el acceso a ese lugar durante unos días. ¡Enséñale que el «hotel» de 5 estrellas está dentro del gallinero!

3. Intimidar (Bullying) a Otras Gallinas

El «orden de picoteo» (pecking order) es una realidad en cualquier parvada. Siempre habrá una jerarquía, con gallinas más dominantes y otras más sumisas. Un poco de picoteo ocasional para recordar quién manda es normal. Sin embargo, no debes permitir que esto se convierta en un acoso sistemático y violento.

El bullying ocurre cuando una o varias gallinas se ensañan con una en particular, impidiéndole comer o beber, picoteándola constantemente hasta sacarle sangre y arrancarle plumas, y acorralándola sin descanso. Esto puede ser mortal para la víctima, que vivirá en un estado de estrés crónico, sin acceso a recursos y con heridas que pueden infectarse gravemente.

Las causas del bullying pueden ser variadas: falta de espacio, aburrimiento, escasez de comederos o bebederos, o la introducción incorrecta de nuevas aves. Una gallina herida o enferma también puede convertirse en un blanco fácil, ya que el instinto de la parvada es deshacerse de los miembros débiles para no atraer depredadores.

Como dueño, tu trabajo es ser el «director» anti-bullying. Asegúrate de que haya suficiente espacio y recursos para todas. Proporciona distracciones como repollos colgados o perchas. Si el acoso es severo, aísla a la gallina agresora durante unos días (en una jaula dentro del gallinero para que no pierda el contacto visual). Esto suele «resetear» su estatus y calmar las cosas. ¡No permitas un reinado del terror en tu gallinero!

4. Dormir en el Suelo o en los Nidales

Por la noche, las gallinas tienen un instinto muy fuerte de buscar un lugar alto para dormir, lejos de los depredadores y de la suciedad del suelo. Por eso les proporcionamos perchas o dormideros. Sin embargo, a veces, algunas gallinas perezosas o mal acostumbradas deciden que el suelo o la cama blandita del nidal son un buen lugar para pasar la noche.

Esto es un gran «no-no» por varias razones. Primero, la higiene. Las gallinas defecan mucho mientras duermen. Si duermen en el suelo, estarán toda la noche sobre sus propios excrementos, lo que aumenta enormemente el riesgo de enfermedades de la piel, problemas respiratorios por el amoníaco y parásitos como los ácaros y los piojos.

Si duermen en los nidales, el problema es aún peor. Los nidales, que deben ser el lugar más limpio del gallinero para garantizar huevos impolutos, se convertirán en un retrete. Cada mañana encontrarás los huevos cubiertos de heces, lo que es un riesgo sanitario tremendo y, francamente, muy desagradable de limpiar.

Para corregir este hábito, asegúrate de que las perchas sean más altas que los nidales; el instinto les hará buscar el punto más elevado. Si son jóvenes, colócalas tú mismo en las perchas cada noche durante una semana hasta que aprendan. Si el problema persiste, bloquea el acceso a los nidales por la noche. ¡Las perchas son para dormir, los nidales para poner!

5. Comerse sus Propios Huevos

Este es uno de los vicios más frustrantes y difíciles de erradicar en un gallinero. Una vez que una gallina descubre el delicioso y nutritivo manjar que se esconde dentro de esa cáscara, puede convertirse en una adicta. Y lo peor es que otras gallinas la verán y aprenderán el mal hábito por imitación. ¡En poco tiempo, tu producción de huevos puede caer a cero!

La causa suele ser un accidente: un huevo se rompe por una cáscara débil o por un golpe, y una gallina curiosa lo prueba. También puede ser un signo de deficiencias nutricionales (falta de calcio o proteína), aburrimiento, estrés o falta de espacio en los nidales, lo que provoca que los huevos se pisen y se rompan.

La prevención es la clave. Asegúrate de que su dieta sea completa y balanceada, con suficiente calcio (ofréceles conchilla de ostra en un recipiente aparte). Recoge los huevos con frecuencia, al menos dos veces al día, para no darles la oportunidad. Y si un huevo se rompe, límpialo inmediatamente para que no lo prueben.

Si ya tienes una «come-huevos» identificada, puedes intentar poner «huevos trampa» llenos de mostaza (un sabor que odian) o usar nidales con doble fondo que hacen que el huevo ruede a un lugar seguro en cuanto lo ponen. En casos extremos, y si nada funciona, a veces la única solución es separar permanentemente a la gallina culpable para salvar la producción del resto de la parvada.

6. Deambular por el Camino o la Carretera

Si tienes gallinas en libertad, es tu responsabilidad mantenerlas dentro de los límites de tu propiedad. Una gallina que se aventura en la carretera es un peligro para sí misma y para los conductores. Es un animal pequeño, impredecible y puede causar un accidente si un conductor intenta esquivarla bruscamente.

Las gallinas no tienen conciencia del peligro que representan los coches. Para ellas, el asfalto es solo otra superficie para explorar en busca de insectos o piedrecitas. Un final trágico es casi inevitable si permites que este comportamiento se convierta en una rutina. Es tu deber como su cuidador protegerlas de este riesgo evidente.

Además de los coches, las áreas fuera de tu control exponen a tus gallinas a otros peligros, como los perros del vecindario (que pueden verlas como un juguete divertido) o el robo. También pueden causar problemas si deciden que el jardín de flores de tu vecino es el lugar perfecto para un baño de polvo.

La solución es simple: una valla adecuada. No tiene que ser una fortaleza, pero sí lo suficientemente alta para que no puedan volar por encima y sin huecos por los que puedan colarse. Un buen cercado te da tranquilidad a ti y mantiene a tus aves seguras y a tus vecinos contentos.

7. Ignorar las Heridas o Enfermedades

Esto no es algo que ellas «hagan», sino algo que tú no debes dejar «pasar». Las gallinas son maestras en ocultar sus enfermedades. Es un instinto de supervivencia: en la naturaleza, un animal que parece débil es el primer objetivo de un depredador. Por eso, cuando finalmente notas que una gallina está enferma, es porque probablemente lleva ya un tiempo sintiéndose mal.

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No ignores las señales sutiles. Una gallina que se aísla del grupo, que tiene las plumas erizadas, que está apática, que tiene la cresta pálida, que cojea o que simplemente «no parece ella misma», necesita tu atención inmediata. Pensar «ya se le pasará» puede ser una sentencia de muerte para el ave y un riesgo para toda la parvada si la enfermedad es contagiosa.

Realiza revisiones de salud regulares. Coge a tus gallinas una por una cada cierto tiempo. Revisa sus ojos (claros y brillantes), sus fosas nasales (secas), su peso (que no estén demasiado delgadas), su piel (libre de parásitos) y sus patas. Presta atención a sus heces; la diarrea o la sangre son señales de alarma claras.

Ante la duda, aísla al ave enferma inmediatamente con su propia comida y agua para evitar contagios. Esto te dará tiempo para observarla mejor y decidir el tratamiento. Tener un pequeño «botiquín avícola» con desinfectante, vitaminas y antiparasitarios es una excelente idea. ¡Ser un dueño proactivo es la mejor medicina preventiva!

8. Ponerse Agresivas con las Personas

La mayoría de las gallinas son dóciles o simplemente indiferentes a los humanos, pero de vez en cuando, te puedes encontrar con un gallo o incluso una gallina que decide que tú eres una amenaza. Esto es especialmente común en los gallos jóvenes que están probando sus límites hormonales y quieren establecer su dominio sobre todo… incluyéndote a ti.

No permitas este comportamiento. Un gallo que te ataca con sus espolones puede causar heridas serias, especialmente a los niños. Lo que empieza como un «juego» de persecución puede escalar rápidamente. No es gracioso, es peligroso. Tienes que dejarle claro desde el principio que tú eres el líder indiscutible de la parvada.

Nunca le des la espalda a un gallo agresivo ni salgas corriendo, ya que eso refuerza su dominio en su mente. Mantén el contacto visual, hazte grande y usa un objeto como un rastrillo o un palo para mantenerlo a distancia si se acerca. Un método efectivo es cogerlo, sujetarlo firmemente contra el suelo (sin hacerle daño) durante unos segundos hasta que se calme. Esto imita el comportamiento de un gallo dominante.

Recuerda que esta agresividad es instintiva, no personal. Pero es un instinto que debes controlar por seguridad. Si tienes niños, es crucial que el gallo del corral sea respetuoso. Si todos los métodos fallan y el gallo sigue siendo un peligro, puede que tengas que considerar reemplazarlo por uno con un temperamento más tranquilo.

9. Comer Plantas Tóxicas en el Jardín

Las gallinas son omnívoras y muy curiosas, lo que significa que picotearán casi cualquier cosa para ver si es comestible. Por lo general, tienen un buen instinto para evitar las plantas que son malas para ellas, pero a veces, especialmente si no hay mucho más forraje disponible o si son jóvenes e inexpertas, pueden cometer un error fatal.

Muchísimas plantas ornamentales comunes en los jardines son tóxicas para las gallinas. Azaleas, rododendros, lirios, adelfas, ricino, tomates (las hojas y tallos, no el fruto maduro), patatas (los brotes y partes verdes) y las hojas de ruibarbo son solo algunos ejemplos. La ingestión de estas plantas puede causar desde malestar estomacal hasta la muerte.

Es tu responsabilidad conocer qué tienes plantado en las áreas donde tus gallinas tienen acceso. Si vas a dejar que deambulen libremente por tu jardín, o bien eliminas las plantas peligrosas o las cercas para que no puedan alcanzarlas. No asumas que ellas «sabrán» qué no deben comer.

Crear un «jardín seguro para gallinas» es una idea fantástica. Puedes plantar hierbas que les encantan y son buenas para ellas, como la caléndula, el orégano, la menta y el perejil. También puedes delimitar su zona de pastoreo para que solo tengan acceso a césped y plantas seguras. ¡Un poco de planificación previene una visita de emergencia al veterinario!

10. Convertir tu Porche o Terraza en su Baño Personal

A las gallinas les encanta estar cerca de sus humanos, y a menudo encuentran que el AUTO, la terraza o el patio justo al lado de la casa es un lugar fascinante. Tiene sombra, es seguro y, ¡oh, sorpresa!, a menudo es donde estás tú. El problema es que las gallinas no tienen control de esfínteres. Donde están, defecan.

Si permites que tu porche se convierta en su lugar de reunión favorito, en poco tiempo estará cubierto de excrementos. Esto no solo es antiestético y huele mal, sino que es un foco de bacterias y atrae moscas y otros insectos. Limpiar cacas de gallina del cemento o la madera constantemente no es la idea de diversión de nadie.

Es importante establecer zonas «prohibidas» para las gallinas. Ellas pueden tener su corral y su zona de pastoreo, pero ciertas áreas, como la entrada de tu casa, la zona de la piscina o el área de juegos de los niños, deben estar fuera de sus límites. Esto es por higiene, seguridad y tu propia comodidad.

Usa barreras físicas temporales o permanentes, como pequeñas vallas decorativas o maceteros, para bloquearles el paso. También puedes usar métodos disuasorios, como un aspersor con sensor de movimiento. Cada vez que las veas en la zona prohibida, ahuyéntalas con calma. Con consistencia, aprenderán qué partes del patio son suyas y cuáles son exclusivamente humanas.

11. Introducir Nuevas Gallinas de Forma Brusca

Cuando quieres ampliar tu parvada, la emoción puede llevarte a cometer un error de principiante: poner a las nuevas gallinas directamente en el gallinero con las antiguas. Esto es una receta para el desastre, tanto social como sanitario.

Primero, la cuarentena. Cualquier ave nueva, sin importar de dónde venga, debe pasar por un período de cuarentena de al menos 30 días. Mantenlas en un corral completamente separado, donde no puedan compartir aire, comida o agua con tu parvada principal. Esto es para asegurarte de que no traen enfermedades ocultas o parásitos que podrían diezmar a tus gallinas establecidas.

Segundo, la integración social. Las gallinas son muy territoriales. Si metes a unas extrañas de repente, las residentes las verán como invasoras y las atacarán brutalmente para establecer el orden de picoteo. Este proceso puede ser muy violento y estresante para todas las aves involucradas.

La integración debe ser gradual. Después de la cuarentena, coloca a las nuevas en una jaula o un área cercada dentro del gallinero principal durante varios días. Así, pueden verse y acostumbrarse las unas a las otras sin poder tocarse. Introdúcelas finalmente en el gallinero por la noche, cuando todas están adormiladas en las perchas. Habrá algo de jaleo al día siguiente, pero será mucho menos intenso. ¡La paciencia es tu mejor aliada!

12. Volverse Demasiado Dependientes de los «Premios»

A todos nos encanta mimar a nuestras mascotas, y las gallinas no son una excepción. Darles gusanos de la harina, maíz, girasol o trocitos de fruta es una forma fantástica de ganarse su confianza y de entrenarlas. El problema viene cuando los premios se convierten en la parte principal de su dieta.

Las gallinas pueden volverse muy «remilgosas» o «piquis». Si saben que por la tarde recibirán un festín de sus snacks favoritos, es posible que dejen de comer su pienso balanceado durante el día. Esto es como un niño que no come su cena porque sabe que después hay postre.

El pienso comercial está formulado para darles todos los nutrientes, vitaminas y minerales que necesitan en las proporciones correctas. Si lo reemplazan con premios, que suelen ser altos en grasa o azúcar y bajos en otros nutrientes esenciales, su salud se resentirá. Puedes notar una disminución en la puesta, cáscaras de huevo de mala calidad y obesidad, que conlleva sus propios problemas de salud.

La regla general es que los premios no deben constituir más del 10% de la dieta total de una gallina. Dáselos por la tarde, después de que hayan tenido todo el día para comer su alimento principal. Úsalos como una herramienta de entrenamiento y como una forma de fortalecer vuestro vínculo, no como un sustituto de una nutrición adecuada. ¡Amor sí, pero con responsabilidad nutricional!

¡Y ahí lo tienen! Doce hábitos que debemos vigilar y corregir para tener una parvada sana, feliz y bien portada. Recordad que ser un buen dueño no es solo dar comida y agua, sino también ser un líder, un protector y, a veces, un «policía» amable. ¡El bienestar de nuestras emplumadas depende de ello!

¿Se les ocurre alguna otra cosa que no deberíamos permitir a nuestras gallinas? ¡Quiero leer sus experiencias en los comentarios! Como siempre, si les ha gustado el video, no olviden picotear el botón de «me gusta», suscribirse y compartirlo. ¡Nos vemos en la próxima aventura de corral! ¡Hasta luego!

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